Ilustracion de bloques apilados dentro de un marco de laberinto

Cuánta proteína necesito con semaglutida (y cómo llegar sin hambre)

De todas las preguntas que llegan, esta es la que tiene la respuesta más concreta. Y también la que más gente subestima.

La cuenta

La referencia habitual para adultos está entre 1,2 y 1,6 gramos de proteína por kilo de peso por día, y tiende a ubicarse en el extremo alto cuando la ingesta total baja — que es exactamente lo que pasa durante el tratamiento.

Traducido a números reales:

  • 60 kg → entre 72 y 96 g por día
  • 70 kg → entre 84 y 112 g por día
  • 80 kg → entre 96 y 128 g por día
  • 90 kg → entre 108 y 144 g por día

Tu número exacto lo define tu médico o tu nutricionista, que además va a considerar tu función renal y tu situación particular. Estas cifras son la referencia general, no una indicación.

Por qué importa tanto acá y no antes

Cuando el cuerpo recibe menos energía de la que gasta, tira de reservas. Parte de esas reservas es grasa y parte es músculo. La proporción entre una y otra no está fijada de antemano: se mueve, y las dos cosas que más la mueven son cuánta proteína entra y cuánta fuerza se hace.

Perder músculo tiene consecuencias que se sienten después: menos fuerza para lo cotidiano, peor manejo de la glucosa, y menor gasto energético en reposo — lo que hace que mantener el peso más adelante sea más difícil, no más fácil. Está desarrollado en cómo evitar perder masa muscular.

Cuánta proteína hay realmente en la comida

Acá es donde la mayoría se lleva la sorpresa. Valores aproximados:

  • Un huevo → 6 g
  • 100 g de pollo → 25 g
  • 100 g de carne → 26 g
  • Un yogur griego (150 g) → 15 g
  • 100 g de queso port salut → 22 g
  • Una taza de lentejas cocidas → 18 g
  • Un vaso de leche → 8 g

Sacá la cuenta para 100 gramos diarios. Son cuatro o cinco porciones sustanciales, todos los días. Con apetito normal ya requiere atención. Con el apetito de la tercera semana de tratamiento, es la parte difícil del día.

Cómo repartirla

Mejor distribuida que concentrada. Tres o cuatro momentos con 20 a 30 gramos cada uno funciona mejor que 80 gramos en la cena, tanto para el aprovechamiento como para la practicidad.

Y si tuvieras que elegir un solo momento: el desayuno. Es la comida que más se saltea durante el tratamiento — a la mañana el apetito suele estar en su punto más bajo — y la que deja más horas sin ingesta proteica por delante.

Cuando comer no alcanza

Hay días en que nada entra. Ahí un suplemento deja de ser un accesorio y pasa a ser la diferencia entre llegar al objetivo y no llegar. Un sobre de nuestra proteína aporta 25 gramos en 200 ml, sin pedirle nada al apetito: alrededor de un cuarto del objetivo de una persona de 70 kilos, resuelto en dos minutos.

No es mejor que la comida. Es mejor que no llegar, que es la comparación que importa en la práctica.

Un chequeo simple

Si no querés contar gramos todos los días, hay un indicador más burdo pero útil: la fuerza en lo cotidiano. Si las cargas del gimnasio se sostienen, si subir escaleras no cambia, si levantar cosas del piso se siente igual, vas bien. Si la fuerza cae de forma clara mientras baja el peso, revisá la ingesta proteica y llevalo a la consulta.

Para armar el resto del plato alrededor de la proteína, seguí por qué comer durante el tratamiento.

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