El Laberinto argentino de Rodríguez

  • por Felix Herrero
Notas sobre el libro «Argentina en su Laberinto: nuestro ADN y el Paraíso pendiente» de Luis A. Rodriguez

Mientras en el mundo matan a inmigrantes por el solo hecho de serlo (así dicen!!!) en nuestro país las fórmulas candidateadas para presidente y vice conforman dúos de hijos de primera generación de inmigrantes. Hombres y mujeres que integran duplas “gallegas” como los Fernández o “tanas” como la fórmula Macri-Pichetto.

En la lectura diaria y en los libros también encontramos estas formulaciones y, con traiciones sin tradiciones, con desleales y pichijudas que ya no se sabe si son traidores, porque son políticas sin ideologías ni doctrinas, centradas en escasas promesas de realizaciones interesadas y de muchos políticos profesionales liberados de la palabra que obliga y de palabras electorales sin pensamiento. Es que el poder real deja que jueguen sobre temas que no hacen al Poder ni a la realidad, entretenidos en la búsqueda de cargos con salarios y “dietas” que precisamente no los adelgazan como lo hace la mayoría del pueblo: “Son sueldos exorbitantes que los vuelven (a los legisladores) codiciosos y crueles (Perfil, 3 de abril de 2019).

Las noticias, algunas coyunturales y otras que hacen a la estructuras de la historia, no nos impiden analizar escritos que tienen una mayor permanencia. En títulos coyunturales, los diarios porteños La Nación y el Clarín, el 4 de septiembre en primera página titulan con letras mayores la cotización local del dólar. Frente a esa información de circunstancias, otros medios se acuerdan de informar sobre temas que prevalecen en el tiempo, ese tiempo tan disputado hoy entre el presentismo y corto plazo liberal de los Estados Unidos y el futurismo basado en el largo pasado del actual confucionismo del gobierno chino. Pero para no quedarnos en los temas y títulos meramente coyunturales, debemos ir a los trabajos que hacen a nuestra historia, como el reciente libro sobre el laberinto argentino de Luis A. Rodríguez. 

Dos analistas políticos, uno de Clarín y el otro independiente, uno novelista y el otro articulista nacional, que escribe en el diario La Mañana que hacen los seguidores uruguayos del pensamiento de Tucho Methol Ferré; uno jurado de libros mientras el otro analiza las dificultades argentinas, uno acaba de escribir una exitosa novela mientras que el otro publicó su interesante libro sobre el ADN argentino, que es el que presentamos.

Ambos conforman un binomio en el tiempo, ya que alguna vez pudieron estar en el mismo barco (izquierda nacional) pero terminaron en dos caminos contrarios, sin paralelismo de ningún tipo. Luis A. Rodríguez acaba de escribir “Argentina en su Laberinto” (editorial Ciccus) y Jorge Fernández Díaz su narrativa excelente con El Puñal y La Herida.

Bifurcados el camino, Jorge Fernández Díaz hace análisis políticos en el diario y la radio Mitre del Grupo Clarín, aunque no se priva de hacerlo también en el diario hermano La Nación. Sus análisis están lejos de los de Luis Rodríguez y más cerca de los gorilismos de Fernando Iglesias. Sin duda, desde la izquierda nacional o nacionalismo de izquierda, se han construido caminos que van a diferentes puertos. En la izquierda nacional lo nacional era lo sustantivo, a diferencia de los marxismos nacionales, en que la doctrina marxista es adjetivada por la ubicación local.

El libro de Rodríguez es otra prueba de su coherencia ideológica. Su adherencia sin claudicaciones al campo nacional. En su obra agrega textos muy poco conocidos de su admirado Raúl Scalabrini Ortiz.  Entre ellos, Colón y la primera rebelión hispano-americana de Francisco de Roldán y otro largo artículo de Scalabrini sobre el continente desangrado donde siempre, desde Hernán Cortés, se aplicó la división para dominar. Recuerda, por otro lado, que sobre 160 virreyes solamente 4 nacieron en nuestra tierra.

La inmigración se hizo naturaleza de este continente que no puede ser anti-inmigratorio, a pesar de la traición histórica de Trump en el norte. Como no podía faltar en una selección de artículos de Scalabrini, se reproduce el análisis titulado “El Enemigo Agazapado”  donde se analiza el sistema de dominación inglés de “lazos invisibles” en las “independizadas” colonias españolas. Dice Scalabrini Ortiz: “Es indudable que la abolición de las aduanas y de la tutela de los Estados sobre el tráfico de mercancías beneficiaría a Inglaterra y no a los demás países, puesto que nadie podrá competir ni con su marina, ni con sus manufacturas, ni con los planteles industriales, ni con su organización bancaria”.

El diagnóstico sigue vigente, sobre todo con la ampliación del poder económico anglo-estadounidense y su dominio del poder financiero global. En el libro se reproduce el no muy citado “Las dos Rutas de Mayo”, con sus capítulos La Revolución de Mayo. Mariano Moreno y el Panorama de 1820, seguido por La Revolución de Mayo está frustrada. Bernardino Rivadavia”, donde cita a José Francisco de San Martín en carta a Bernardo O’Higgins: “Yo he despreciado tanto las groseras imposturas de Rivadavia como su innoble persona”.

Por último,  Luis Rodríguez en su Laberinto reproduce “Demostración de la preocupación de Simón Bolívar por seguir las intenciones y Planes de Gran Bretaña”, donde Scalabrini narra las segregaciones británicas de la República Oriental del Uruguay y de Bolivia.

El autor cuenta su propia y digna historia, desde dirigente de estudiantes de su Colegio Nacional Manuel Belgrano, hasta su intensa actividad en el movimiento que fundara el “Colorado” Ramos.  Pasa así a hacer detalladas reflexiones y narrar historias ocurridas durante el peronismo y el frondizismo, explicando mucho con la reproducción de siete cartas entre Perón y Scalabrini Ortiz.

Entre las apreciaciones de Rodríguez, que estuviera enfrentado dentro de la izquierda nacional con el teórico de la relación agrietante amigo-enemigo -el profesor británico Ernesto Laclau- a quien  ubica como ideólogo oficial del kirchnerismo, recordando sin embargo su frase como respuesta  al periodista que le preguntara sobre la sucesión argentina de 2015: “No puedo decir si Daniel Scioli es el sucesor de Cristina Kirchner, porque soy londinense”. Laclau, también con similar origen al de Luis Rodríguez, eligió otra alternativa, más cercana a la de Fernández Díaz, todos lejos de Borges: antiperonista pero nunca antinacional.

Rodríguez continúa con sus escritos y reflexiones hasta el presente político argentino, con la perspectiva de que nos mantenemos en un Laberinto, que es el sistema agotado que por ahora no abandonamos Así, en sus análisis da preeminencia a la destrucción ferroviaria y a la deuda externa que sufrimos y a las falencias en los sistemas de educación y salud; todo desde una perspectiva correcta de distinguir en el Poder, el real del formal de nuestro querido país, lleno de partidos políticos desapoderados, con una partidocracia que se olvida de la justicia y la independencia, practicando un bipartidismo cuestionado a veces por olvidar muchas veces los problemas reales de la nación.

Ante la narración de tanto fracaso y la imposibilidad de no salir del laberinto, de un laberinto  querido y deseado por algunos, Rodríguez termina en su capítulo X con la esperanza de que prime la Esperanza. Lo titula “Del Desencuentro a la Unión Nacional”, para señalar la imprescindible y urgente superación de “este laberinto absurdo que nos hemos fabricado, y que nos lleva a una encrucijada sin salida, siendo nuestra obligación ineludible coadyuvar a parar el retroceso y a constituir la Unión Nacional… En ello, sin duda alguna, se juega el destino de los argentinos”.



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